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Facanías

Paremos el carro…, pensemos por un momento, o reflexionemos por unos instantes qué supone para nosotros, la revista Facanías… Ahí te lanzo esta propuesta, incluso, te animo a que lo comentes, si quieres, claro. 

Leyendo la entrada de Jose María Cejudo en su blog, su despedida como Director de Facanías, me paré a pensar lo que desde que tengo uso de razón (que no sé si la empecé a usar ayer… o es un sucedáneo de razón…), supone para mi, Facanías. Es curioso porque en ese momento me he puesto a recordar (a la vez que escribo esto). La primera imagen que se me ha venido es un ejemplar de Facanías enrollado con el sello de correos junto con más correspondencia sobre la mesa del despacho de mi padre en su almacén de “Pedro Pérez Fdez.”, en Sevilla. Si girabas el rollo, se veía el logo de Monca… Sus páginas interiores las podía ver hasta lo que daba la pegatina que permitía que no se desenrollara. Entreveía una ruedecilla de un R-5 de Taboada, algunas palabras y poco más. Deseando estaba que mi padre se presentara para que lo estrenara ya de una vez. Pero que va, había que esperar a que llegara a casa, lo subiera a su habitación-búnker, y esperar a que cualquier día lo pusiera en la silla junto a la ventanilla de la salita, que siempre hizo las veces de revistero, menos cuando nos juntábamos más de “doce namás”, que se acercaba a la mesa… Era la señal de que mi padre ya se lo había más que releído. ¡Al ataque!, antes de que venga uno y lo secuestre de nuevo… 

Ya en mis manos, lo primero que hacía era una lectura rápida; titulares, fotos, y algunos nombres de los nacidos del mes, que ya algún kevin Costner de los Dolores aparecía, con sus dos apellidos muy valverdeños… También alguna esquela, y algo que me llamaba mucho la atención, la FRASE. No sé, pero le dio al personal de aquella época por terminar sus artículos con eso de la frase en plan sentencia…, por ejemplo: LA FRASE, “El hombre sabio, incluso cuando calla, dice más que el necio cuando habla.” Y la mayoría además, no ponía ni quién era el autor, o se le había ocurrido a él. De hecho, mi padre escribió algo al respecto, masconeadamente, que la terminó diciendo, LA FRASE: “desde que te vi venir, dije, a por la burra viene…”. Pues esa era la primera lectura, más o menos rápida. 

Después, en otra captura…, lo leía más detenidamente. Recuerdo los artículos históricos, acompañado de fotos muy buenas e interesantes, de Antonio Rico, mi padrino por cierto. Creo que me enteré por el, de la huella que dejaron los ingleses en Valverde, y otros personajes. Los poemas de Pepe Arrayás, recuerdo uno dedicado al poeta, Juanma. Las separatas de mi tío Diego Romero, “el Notario”, que él mismo se costeaba, del que nunca me cansaré de decir que Valverde está en deuda con él… En fin, otros muchos a los que les pongo cara, pero que no me atrevo a nombrar no vaya a ser que no se llamen así. 

En definitiva, por lo anteriormente comentado y por otras muchas cosas más, esta revista significa muchas cosas, es un arcón donde se guardan tradiciones, vivencias, recuerdos, noticias, opiniones, imágenes, humor, historia,.. y que mira al futuro (ya queremos ver el del mes que viene…). Ha sobrevivido a varias épocas, adaptándose a los tiempos sin perder su esencia, contar cosas de Valverde… Ha tenido también tiempos buenos y menos buenos, según lo interprete cada cual. Otro hecho relevante es que no se acepta al anónimo, como ocurre en otros medios… como tampoco tiene cabida el “servilismo”, que espero que no la tenga nunca, porque si no, “me borro del bombardeo…”, como dijo un paisano un poco agarraete cuando entre unos pocos de compañeros pusieron 500 calas para tomar unas copillas, y apurado el fondo le pidieron otras 500 y soltó eso… 

Querido amigo, Jose María, desde aquí te agradezco tu empeño y sacrificio durante estos años. Ya formas parte de la historia de esta revista, que como tu bien dices, es reflejo de la historia de Valverde. Y también te agradezco que me hayas permitido, con libertad, expresarme escribiendo mis ocurrencias. 

Un fuerte abrazo para ti, mucha salud, y larga vida a Facanías.

Salir de compras

Antes de hablar de las compras, o salir de compras…, este que torpemente escribe no ponía sus manos en el teclado del ordenador para escribir una entrada en el Blog desde marzo, como se puede ver en el post anterior a este. ¿Y para qué digo esta joía tontería que acabo de escribir?, pues simplemente para decir que, no es que retome el blog para publicar una entrada con cierta frecuencia, ni me hago ese propósito, sino que allá va esta y sabe Dios cuándo publicaré otra… La cosa está así, tengo en mi carpeta denominada “mails” (y así se va a quedar…), todas y cada una de las entradas que aquí se encuentran, más una partía de iconos de Word con escritos sin acabar y otros que no son para airear, pero ni por las primeras, es decir, por las que están por terminar me he animado desde marzo a rematarlas para publicar algo. Este periodo de desconexión bloguera, o simplemente, de no ponerme a escribir, no le encuentro una razón, o buenas razones, corazones locos… Ni tampoco sirve de respuesta que otras aficiones, como la guitarra, ocupen mi tiempo de “silencio” y “calma”, que son los momentos perfectos en los que me gusta escribir, concretamente, cuando la casa duerme y se escuchan de maravilla los sonidos nocturnos de la calle, el impertinente y escandaloso barco turístico lleno de guiris con la música a to meté  y los clics de las teclas de mi portátil y su ratón… Tal y como estoy ahora mismo. Bueno, y como en anteriores ocasiones, con el joío cigarro apoyado en un cenicero de lo más chocante. Sé de sobra que me choca porque al apoyar el cigarro tengo que dejarlo de tal manera para que no se caiga al fondo… Pues nada, me sigo trayendo al escritorio el mismo, teniendo una gama ceniceril de lo más diversa y práctica…

Dicho lo cual, vamos al lío…, que te enrollas más que una persiana…

Salir de compras por salir de compras es algo que no puedo soportar, con lo cual, si lo tengo que hacer, que siempre caigo como una chinche…, me hace volverme un ser insoportable. No me importa reconocerlo. Un poné. Después de unas cándidas lentejas y una buena tajá de sandía, y entre las magníficas fotografías que envía la gente al hombre del tiempo y la voz nasal del monótono canto de Mónica Molina entonando amar en huevos revueltos, que diga, en tiempos revueltos, viene lo que viene a ser una cabezá en lo que es el sofá. Pues después de ese agradable espacio de tiempo llega la frase que de tiempos inmemoriales recorre Sevilla desde el Heliópolis a San Jerónimo, y desde Los Remedios a Sevilla Este o El Polígono San Pablo… “Vámonos par centro…”. Decir en Sevilla esta frase tiene a esa hora una sola connotación eminentemente comercial. Es lo mismo que, “vámonos de compras”. 

Con la niña en su carrito y mi actual mujer, “entramos en Campana izquierda alante derecha iguá”. Poquito a poco nos metemos en Sierpes de una chicotá… ¡Pararse ahí!, primer escaparate hasta las mamas de zapatos de señora al grito “estoy de zapatos fatal”. Nos dejamos caer una media horita y parece que la cosa no está mu clara y,  “esta levantá la vamos hasé por los sapatos monísssimos que mujé ha visto en el escaparate no antes sin probarse seis o siete pares pa leche…”. Ná, seguimos palante, poquito a poco, ¡no corré! Revirá a Velázquez, donde aguardan el señor Mango y la señorita Zara… Mi cara se va transformando hasta que un escaparate lleno de maniquíes llama poderosamente la atención de nuevo, a  mi compañera y mujer de mi vida y de mi corasao, al grito esta vez de, “¿qué quieres que haga?, me hacen falta unos pantalones y una chaqueta mona para trabajar….”. Pues padentro…, “¡Vamo a entrá como saben ustede…, cuidaito los costero con los estantes de vaqueros y camisitas!”. Transcurren los minutos con los brazos en posición ofrenda…, uséase, asujetando con los brazos una pila de pantalones y chaquetas caminito, caminito, que huele a pinos y a mar…, de los probadores… Ya no puedo más. En ese momento soy el tío más susceptible en el planeta tierra…, Primer pantalón; “¿qué te parece?”, “estupendo pero venga, pruébate el otro…” “¡qué poca paciencia y que tonto eres, hijo…!” Verdad que si, el más tonto der mundo mundiá. Lo reconozco, no sirvo para eso…

Cuando acaba la sesión, en las que me pongo así de “malage”, tengo que hacer algo para volver a lo que en verdad soy, o pretendo ser, un…., jejejeje. En fin, nada mejor que una tapa con una buena copa de cerveza en buena compañía. Para ello, la mayoría de las veces visitamos a mi querida prima Celia, en su tienda de la Calle San Eloy, “C de Celia”, donde las féminas más elegantes encuentran todo lo necesario para ir radiantes y monas a cualquier acto o celebración, pues tiene todos los complementos habidos y por haber, siempre a la última. Y como es natural, mi primo Pablo acude también para recogerla para irse juntos a su hogar. Y la cerveza y la tapa caen, no sin antes susurrarme el amor de mi vida, “no salgo más contigo de compras…”. Pero los dos sabemos que caeré de nuevo, si no, al tiempo…

MRB

Esto es otra cosa

Estamos como el tiempo, rarotes, ¿verdad?. Hace un par de semanillas me crucé por la plaza con un buen amigo y a sabiendas de que un buen golpe de los suyos me soltaría, le dije… “Que digo yo, Diego, que a ver si cae una poquilla de agua…” y me soltó, “sí hombre, cuanto pa endurzá la aceitunas…”. Y ya de camino, porque era la hora propia del mediodía, le pegué el prodigioso primer sorbo a una cerveza en el Roa, con un platillo de aceitunas con anchoas y otro con una bolsa de papas, rodeado de pucherólogos… (no viene al caso, pero es lo que hice…)

“Ya nos podemos poner en cruz…”, que ni de coña estamos acostumbrados a este tiempo de, ahora agua, después más agua, un día frío, al otro frío y agua… Que no, que no. Dicen por la tele que nos está afectando al carácter. Si “elhombre” de la tele lo dice es por algo. Ya el colmo es que estando en el ecuador de la Cuaresma, parece que vamos a escuchar por la radio en vez de “Campanilleros”, el famoso villancico, “Los Campanilleros, por la madrugá, me despiertan con sus campanillas y con sus guitarras me hacen llorar…” Porque vaya tela…  

Ayer por la tarde noté el cosquilleo de Cuaresma. Salí de casa a las cinco de la tarde y el sol me dio en “toa la cara”. Cuando se me fue el dolorcillo en los ojos, ese que da cuando llevas un tiempo en la oscuridad…, el naranjo de la puerta me dijo, “fite cómo estoy, reventaito de azahar…”. El sol dando de lleno en el verde de sus hojas  limpias, y esos capullos de azahar a punto de abrirse, entonces me dije, “ahora sí estamos en Cuaresma…”. Y como no, como la moto la tuve que dejar debajo de ese naranjo, pues una linda palomita hizo de las suyas, dejándome un regalito poco hermoso…

Pues nada, que no decaiga la cosa. Que con los días claros, la Cuaresma es otra cosa…

MRB

 

Desde hace bastante tiempo me viene llamando la atención, cuando entro en la Ermita de la Virgen del Rocío, el comportamiento de las personas que en ese momento se encuentran en su interior.

De manera general, cuando entramos en un templo santo, simplemente por educación, guardamos silencio y respeto. Si se tiene que comentar alguna cosa se suele hacer en voz baja, incluso susurrando al oído. En la Ermita de El Rocío, por regla general ocurre lo contrario. La gente entra hablando y charlando en voz alta como si estuvieran en la plaza del pueblo o por la calle, avisando a los acompañantes de lejos a voces. Cómo será la cosa que un buen amigo de Almonte tuvo que llamarle la atención a un individuo que estaba comiéndose un helado… Lo mismo es que no somos conscientes del lugar en el que nos encontramos. El silencio y el respeto hacen que toda persona que se encuentre en el templo, ya sea de visita turística, o por el encuentro con la Virgen, se sienta en un espacio que invite al recogimiento y a la oración.

En una ocasión, me comentó otro señor de Almonte lo siguiente. <<Muchas mañanas, tengo la suerte de “abrir” la Ermita junto al Santero de guardia. Los que habéis experimentado a esa hora, el “silencio que huele a flores…”, como decía la sevillana, sabéis a qué me refiero cuando digo que el Santuario en ese momento es “el cielo”…>>

¡Cómo los sabes…!

MRB

Pueblo fantasma

Como tantos viernes, salí de casa, por entonces en Dos Hermanas, con tiempo suficiente para coger la camioneta para Valverde. Según me cuenta, ya la cosa está mucho mejor (eso podía faltar…), pero en aquella época, los autobuses para Sevilla desde este pueblo nazareno eran, Los Amarillos. Bastaba con tener prisa para llegar a tiempo al Prado, para que te tocara el peor autobús de la flota y el conductor más huevón de la plantilla. Después un Tussam hasta Plaza Nueva, más o menos lo mismo… Como casi siempre, llegué a la Estación de Damas con la boca llena de tierra…, asfixiaíto perdío.

Por fin, llegué a Valverde, tras pasar por Gines, Espartinas, Sanlúcar, Castilleja del Campo, Manzanilla, Villalba y La Palma… Nada del otro mundo, un trayectillo de 5 horillas de lo más ameno desde el pueblo de “Los del Río” hasta Valverde… que para mí se quedó. Me bajé en el Punto, y cuando la camioneta arrancó de nuevo sentí al instante que no había ni un alma en el pueblo. Como en las películas del Oeste, sólo faltaba el haz de ramillas rodando, empujado por el viento mezclado con la polvareda… Más sólo que la una estaba, ya casi era de noche. Cogí por la calle Sevilla y tiré por la calle Italia para subir por la calle Abajo (no se me asusten los forasteros, en Valverde desafiamos a la ciencia en dos calles…., reales). En todo ese recorrido hasta el pie de la Torre no me crucé con nadie. Ni una puerta vi abierta. Los coches que estaban aparcados en la calle Abajo eran los que sus usuarios cogían una vez al mes para ir a La Melera a por agua, o para echar el paseo al dique, es decir, sólo estaban los tres o cuatro de siempre; un Diane 6, un 131 familiar, un Austin Victoria y un Renault 10…

Mientras habría el portón de mi casa, vi a lo lejos, en la esquina del Cuquillo, a un viejecillo que iba para La Plaza. Fue el único ser que pude ver, mientras el reloj de la torre daba los tres toques de menos cuarto, “lasocho…”. Nada más abrí la cancela, asomó la cabecilla mi madre desde el salón con un << ¿quieeén eeees?>>, en Re menor, usease, asustaíta viva… Bastó con decir un << ¡soy yo!>>, en Do mayor para que respondiera << Ay, Señor del Santo, menos mal que eres tú, Diego…>> en su relativo mayor, Fa mayor… Con lo cual, tuve que decir mi nombre, como siempre… Sentados en la copa con mis padres, mientras me quitaba el frío de los pies, y ya de camino, me quitaba también el mono de salchichón con un bocadillo como la manga de un babi…, me comentaban que daba miedo salir a la calle, todo estaba cerrado, la gente estaba en el campo.

Pasan los años y aunque ya no se quede el pueblo tan desangelado, en la semana de Carnaval, Valverde parece un pueblo fantasma.

Y con las mismas, sonó el claxon del Clío de Antoñito, y para Los Pinos del tirón, para apurar los últimos diillas de una semana peculiar, de candelas, picadillos, gurumelos y calderetas… y por supuesto, carriles, bobos y caretas…

Ultima hora: Los dueños de las ADSLs llevan notando desde ayer poco tráfico en “La Internet 21600…”. Pues que llamen, que llamen, que si alguien le contesta le dirá, “hasta el lunes de la semana que viene, no hay ná que jasé…”

MRB

Ataque de risa

Aunque parezca mentira…, este que aquí torpemente teclea, sufre de vez en cuando, serios ataques de risa. Hasta tal punto que casi me ha podido ocasionar todo lo contrario, un disgusto como una catedral. Ha pasado casi una treintena de años y todavía no se me olvida la bronca que me echó D. Emilio, “El Simio”, cuando Espinosa, mi compañero de banca, se marcó un portentoso quejío pronunciando su nombre, <<¡pero, Don Emiliiiioooooooo…!>>. Todo formaba parte de una apuesta que nos hicimos previamente que consistía en, quién saliese a recitar el poema de memoria que teníamos como tarea, en algún momento había que pegar un quejío… Le tocó a él, y cuando solo llevaba medio recitados dos versos del precioso poema, D. Emilio le cortó diciendo, << ¡Espinosa, vuelva a su sitio, tiene usted un negativo…>>, y como no le dio tiempo a soltar el quejío, lo metió pronunciando su nombre…“El Simio” giró su cabeza hacia él e inmediatamente me miró a mí porque solté una carcajada como un castillo, invitándome a salir de la clase junto con Espinosa… <<Quillo, “Bosa”, creí que no se iba a dar cuenta…>>, me decía camino del despacho del Jefe de Estudios…


A Patricia también le pasan estas cosas…, miren.

Son situaciones muy complicadas, por así decirlo. Cuando uno no se debe reír ocurre todo lo contrario. Hace unos años fui con un compañero de trabajo a una reunión que teníamos con un ADL (Agente de Desarrollo Local), en un precioso pueblo de la Sierra onubense. Nos retrasamos bastante y cuando ya por fin nos sentamos en el despacho de este hombre, mi compañero, que le cabe el Mani empanao…, le dice muy serio, <<disculpe usted el retraso, pero saliendo de Sevilla nos hemos encontrado un camión de tomates volcao en la autopista…>>. Casi se le salen los ojos al hombre. Mi compañero seguía, <<no se puede usted imaginá cómo estaba la autopista de tomate. Pero no tomate entero, ¡qué va…! frito, tomate frito vámo… tó los coches coloraos…, un espectáculo…>>. Al señor le iba a dar algo, y yo, con la cara del hombre frente a mí, poniéndome la mano en la boca para aguantarme, no sé cómo no se dio cuenta de que me estaba partiendo de risa. El colmo fue cuando le dijo al hombre de nuevo, <<¡vaya pueblo bonito que tienen ustedes!, namás hay que mirar por la ventana y es una maravilla lo que se ve…>>. La ventana estaba a espaldas de este señor, y me da a mí por mirar, y se veía la azotea del edificio colindante con toda la lencería fina de una familia, que también le tienen que tocar algo al Mani…, no sé si me explico. Yo ya no podía más. De las convulsiones de aguantarme la risa que me daban, casi me desmallo. Como pude, disimulando que me llamaban al móvil, salí del despacho y los dejé allí solos. Qué rato más malo.

Como es normal, escribiendo torpísimamente estas líneas, he tenido que parar unas pocas de veces, porque solo al recordarlo, me parto de risa…

 Y ustedes dirán, ¿y eso cómo es?, poazínnes…

 MRB

Hoy celebran su día los Sebastianes y las Sebastianas, que una, con María Pepa, Baldomera y Rosalía, anda loca por Triana, preparando la comía…

Es un día señalado, por lo menos para mí. Si no fuera así, ¿para qué leches voy a escribir esta entrada?, pensareis más de uno y una que anda allá arribota, en el Santo… A todo esto, hace un rato le he tenido que explicar a uno, de Valverde para colmo, que lo que de toda la vida de Dios se conoce popularmente en Valverde como la “Ermita del Santo”, es la Ermita de San Sebastián… Arza peine…

Señalado es, si señor. Me acuerdo de muchos Sebastianes. Mi querido amigo, compañero de la Agrupación y vecino, Sebastián Bermejo, “el del Bazar”, el Groucho Marx del Pie de la Torre… Sebastianín, su hijo, el hombre que hilvana más golpetazos de humor por segundo. Humor del bueno, inocente y sano, de buena gente que es. Nunca me olvido tampoco de mi compañero de fatigas bachilleriles, Sebastián Alabanda. Entre clases y horas de estudio me descubrió y enseñó las cosas de su pueblo cordobés de Posadas, el gazpacho blanco y el arroz a los cuatro puñaos… Yo, como es natural en mí, le hablaba de San Feliu de Guixols… por los cullons… Su familia, desde el primer día, me hizo sentir uno más. A todos ellos, siempre les llevo en el corazón.

Y como no podía ser de otra forma, recuerdo a los que desgraciadamente no están con nosotros. Sebastián Nieto, compañero y amigo también de la Agrupación que nos echaba la pata a los más jóvenes en ganas de pasarlo bien. Entre ensayo y ensayo contaba anécdotas divertidas de lo más valverdeño que hay, así como sus viajes por Portugal, que lo conocía de punta a punta. Las Semanas Santas de otros puntos de España. De los toros, y todas las letras de Coplas y Zarzuelas que se han escrito. Me acuerdo también, de otro grande, Sebastián Forero. Esa voz radiofónica que tuve el privilegio de escuchar tantas tardes, siendo testigo de las conversaciones interesantes y amenas que tenía con mi padre sentados al calor de la copa.

Van tres párrafos y se preguntaréis, ¿para cuándo los buñuelos?. Paciencia, que para comer buñuelos hay que tener mucha paciencia porque no salen como rosquillas, no. Por toda la geografía que mis patitas y mi conocimiento han podido llegar, no he encontrado forma alguna más original de hacer buñuelos que en Valverde. Y si no es así, que algún comentarista me lo diga, please. Por San Sebastián, sonaba el timbre de mi casa a las cinco y media de la tarde. Sebastián, “el del Bazar”, traía una bandeja llena de buñuelos que en su casa, África (q.p.d), su cuñada, la Francisca “la de Perez Caro” y su España, acababan de echar. Detalles como este y otros muchos más, tiene y ha tenido siempre mi querido Sebastián. Como para no acordarme cada 20 de enero.

A los Sebastianes que no están, que el Señor del Santo los tenga en su gloria. Y para los que afortunadamente siguen en este mundo, salud para ellos y feliz día de San Sebastián.

 MRB

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